La fabrica de los sentimientos
Nostalgia 25-01-2025 Compartir

La fábrica de los sentimientos
Era un día normal en la fábrica de los sentimientos. Todos trabajaban al máximo porque se escuchaba que se avecinaba algo especial.
En la línea de fabricación, Pereza, con el cuerpo encorvado y los ojos medio cerrados, soltó un largo suspiro mientras dejaba caer las herramientas.
— Qué cansado está esto, tomemos un descanso.
— Si quieres ve a descansar tú, yo te cubro — respondió Entusiasmo, sin dejar de trabajar con su inagotable energía.

Sin pensarlo dos veces, Pereza dejó su puesto y arrastró los pies hasta el comedor. Allí encontró a Nostalgia, sentada junto a la ventana con una taza caliente entre las manos.
Pereza se dejó caer a su lado, apoyando la cabeza en la mesa sin decir una palabra. Nostalgia, como siempre, estaba perdida en sus recuerdos.
— ¿Sabías que hace años, en esta misma fábrica, se entregó el pedido más hermoso que jamás se haya creado? — dijo con una sonrisa melancólica. — Creo que se avecina algo igual de hermoso.
Mientras hablaba, comenzó a contar historias de tiempos pasados. Su voz suave llenó el comedor, y poco a poco, Pereza se dejó envolver por los recuerdos, dejando que su cansancio fuera reemplazado por una calma cálida y nostálgica.

En otra sección de la fábrica estaban Confusión y Mentira, un joven administrador que, aunque soñaba con ser escritor, había encontrado su talento en crear historias que transformaban lo ordinario en algo mejor.
Mentira se inclinaba sobre su escritorio, redactando con gran entusiasmo grandes relatos que adornaban los reportes de la empresa. A su lado, Confusión trataba de seguirle el ritmo, escribiendo despacio y perdiéndose entre las palabras que Mentira le dictaba.
— ¡¿Cómo van esos reportes, muchachos?! — preguntó Ira, su voz resonando como un trueno mientras pasaba junto a ellos, rumbo a su oficina.
— De maravilla, jefesito — respondió Mentira, con una sonrisa sincera que reflejaba su orgullo por su trabajo.
— ¿Ya tienen el informe que les pedí de la semana pasada? — continuó Ira, deteniéndose justo antes de cruzar la puerta.
Confusión, aún más perdido que de costumbre, asintió rápidamente:
— ¡Sí, si, aquí lo tenemos! — dijo, mientras giraba hacia su escritorio, solo para ver un océano de papeles desordenados.
Mentira, viendo la situación, tomó una carpeta con calma, seleccionando el documento correcto con la precisión de alguien que sabe lo que hace.
— Aquí está, jefe — dijo, extendiéndolo con confianza justo antes de que Ira entrara a su oficina.
Ira lo tomó sin decir una palabra, hojeó rápidamente el contenido y, para sorpresa de ambos, dijo con un tono firme:
— Buen trabajo, muchachos. Prepárense para los informes algo especial se avecina.
Cerró la puerta tras de sí, dejando un eco de autoridad en el aire.
— ¡Uf! Eso estuvo cerca — murmuró Confusión, soltando el aliento que había estado conteniendo.
Mentira sonrió y le dio una palmada en el hombro.
— Relájate, amigo. Las historias no solo nos ayudan a salir de problemas, también hacen que todo sea más interesante.
— Pero, ¿no te preocupa que alguien note que… bueno, que no es toda la verdad? — preguntó Confusión con cautela.
— La verdad no siempre necesita estar desnuda para ser bella. — respondió Mentira, mirando el mar de papeles con una chispa creativa en los ojos. — A veces, vestirla con un buen relato la hace más fácil de entender.

El equipo de mantenimiento, compuesto por Perfección, Verdad, Curiosidad e Ingenio, trabajaba sin descansar en la sala de máquinas.
— Esto no está calibrado correctamente — dijo Perfección, mientras ajustaba un engranaje diminuto.
— Dame un segundo, tengo una idea — respondió Ingenio, colocando unas piezas juntas de forma inesperada.
Verdad supervisaba todo con ojo crítico, asegurándose de que el trabajo cumpliera con los estándares más altos. Mientras tanto, Curiosidad, siendo el más nuevo del equipo, observaba todo con ojos brillantes y hacía preguntas constantes:
— ¿Y si probamos esto de otra forma? ¿Por qué usamos este mecanismo y no este otro?
— Curiosidad, una cosa a la vez — respondió Perfección con una sonrisa apenas visible, aunque en el fondo se sentía intrigada por las ideas frescas de su nuevo compañero.
Se escuchó el silbido de la alarma de la hora del almuerzo, y rápidamente Verdad comentó:
— Vayan a comer, muchachos. en un momento los alcanzo. — mientras se quedaba inspeccionando un par de cosas en la sala de máquinas.

Curiosidad e Ingenio salieron corriendo, ansiosos por llegar al comedor. En el camino, se encontraron con Alegría y Euforia, quienes también venían brincando de la emoción.
— ¡Vamos, vamos! ¡Hoy hay postre doble! — gritó Euforia, acelerando el paso.
Cada vez más y más emociones iban llegando al comedor, llenándolo de energía. Algunos ya estaban en las mesas, otros aún en la fila, y algunos, como Intriga, estaban en modo de investigación, buscando información sobre algo especial que se avecinaba.
Intriga se acomodó estratégicamente en el centro del comedor, listo para captar información. A su lado, Ansiedad tamborileaba los dedos sobre la mesa, moviendo la pierna con impaciencia.
— Deben saber algo. ¿Alguien ya escuchó qué es el pedido especial? — preguntó Intriga, con los ojos brillando de curiosidad.
Sabiduría, que justo llegaba con una bandeja bien servida, sonrió con calma.
— Bueno… hay rumores de que se trata de algo muy, muy importante…
— ¿¡Qué cosa importante!? ¡Dilo, dilo! — insistió Intriga, inclinándose hacia él.
Pero antes de que pudiera continuar, se escuchó un grito desde la fila de comida.
— ¡No! ¡No, no, no! ¡Esto es… una catástrofe sin precedentes!
Todos voltearon hacia el mostrador. Drama se aferraba teatralmente a su bandeja, con la mirada perdida en el horizonte, como si hubiera presenciado un crimen.
Del otro lado del mostrador, el nuevo empleado de cafetería, Temor, se encogía sobre sí mismo, agarrando con nerviosismo el delantal.
— L-lo siento mucho, señor… — murmuró en voz baja.
Drama entrecerró los ojos y dio un paso adelante, como si estuviera por revelar una verdad insoportable.
— ¿Lo sientes? — repitió con voz temblorosa, como si cada palabra pesara toneladas.
Temor asintió frenéticamente.
— S-sí… mucho…
Drama dejó escapar un suspiro tembloroso, como si se estuviera conteniendo para no llorar en ese instante.
— ¿Acaso crees que un simple “lo siento” puede remediarlo? — su voz resonó en el comedor, captando la atención de los demás. Algunos ya se habían girado para ver la escena.
Temor tragó saliva y miró a su alrededor en busca de ayuda, pero nadie intervenía.
— Esto… esto no es solo un error, muchacho. Es una afrenta a todo lo que representa la felicidad.
Temor abrió más los ojos, aterrorizado.
Drama miró su bandeja, apretó los labios y la sostuvo con ambas manos, como si contuviera un secreto oscuro y doloroso.
— Me arrebataron algo valioso, algo insustituible. Un momento que nunca podré recuperar…
Alegría, que acababa de llegar con su bandeja llena de postres, levantó una ceja.
— Drama, ¿qué te pasa ahora?
Drama alzó la vista lentamente, con la expresión de alguien que ha perdido toda esperanza.
— … Mis papas fritas… están frías.

El comedor entero quedó en silencio.
Intriga, que había estado observando la escena de reojo, se golpeó la frente con la mano. Alegría dejó escapar una risa ahogada. Temor parpadeó.
— E-en serio… ¿es solo por eso? — murmuró con incredulidad.
Desde la cocina, donde preparaban las bandejas, alguien dejó escapar una carcajada. Locura, que estaba acomodando los cubiertos, se inclinó un poco para ver a Drama y soltó un comentario con tono burlón:
— Y yo pensaba que era el unico loco aquí.
El comedor entero estalló en carcajadas.
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